jueves, 19 de abril de 2007

Audición Fragmento 12 de El Quijote



Segunda parte
Capítulo X:

Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora Dulcinea, y de otros sucesos tan ridículos como verdaderos

—Anda, hijo (…), y no te turbes cuando te vieres ante la luz del sol de hermosura que vas a buscar. ¡Dichoso tú sobre todos los escuderos del mundo! Ten memoria, y no se te pase della cómo te recibe: si muda los colores el tiempo que la estuvieres dando mi embajada; si se desasosiega y turba oyendo mi nombre; si no cabe en la almohada, si acaso la hallas sentada en el estrado rico de su autoridad; y si está en pie, mírala si se pone ahora sobre el uno, ahora sobre el otro pie; si te repite la respuesta que te diere dos o tres veces; si la muda de blanda en áspera, de aceda en amorosa; si levanta la mano al cabello para componerle, aunque no esté desordenado; finalmente, hijo, mira todas sus acciones y movimientos; porque si tú me los relatares como ellos fueren, sacaré yo lo que ella tiene escondido en lo secreto de su corazón acerca de lo que al fecho de mis amores toca; que has de saber, Sancho, si no lo sabes, que entre los amantes, las acciones y movimientos exteriores que muestran cuando de sus amores se trata, son certísimos correos que traen las nuevas de lo que allá en el interior del alma pasa. Ve, amigo, y guíete otra mejor ventura que la mía, y vuélvate otro mejor suceso del que yo quedo temiendo y esperando en esta amarga soledad en que me dejas.

—Yo iré y volveré presto (…); y ensanche vuestra merced, señor mío, ese corazoncillo, que le debe de tener agora no mayor que una avellana, y considere que se suele decir que buen corazón quebranta mala ventura, y que donde no hay tocinos, no hay estacas; y también se dice: donde no piensa, salta la liebre. Dígolo porque si esta noche no hallamos los palacios o alcázares de mi señora, agora que es de día los pienso hallar, cuando menos los piense, y hallados, déjenme a mí con ella.

—Por cierto, Sancho (…), que siempre traes tus refranes tan a pelo de lo que tratamos cuanto me dé Dios mejor ventura en lo que deseo.

La Paella

LA PAELLA es quizás el plato más conocido de la rica y variada gastronomía española. Es una elaboración culinaria muy conocida internacionalmente y es habitual encontrarla en las cartas y en los menús de miles de restaurantes de todo el mundo. Pero curiosamente, el desconocimiento sobre la verdadera receta de la paella es generalizado.

Aquí podréis encontrar una receta fiable de la auténtica paella valenciana, puesto que el que suscribe estas líneas además de valenciano, es cocinero de profesión y vocación.

Ingredientes para 4 personas
  • Un pollo de un kilo, troceado
  • 400 gr. de arroz
  • 200 gr. de magro de cerdo
  • 200 gr. de bajoqueta (judia) de herradura
  • 100 gr. de tomate triturado
  • 200 gr. de aceite de oliva
  • agua (doble que de arroz),
  • sal,
  • pimienta roja (una cuchara de café llena),
  • azafrán
  • 125 gr. de tavella (judía blanca)
  • 125 de garrofón (albercones en Andalucía) Fuera de Valencia se suele prescindir de estos dos últimos ingredientes que se sustituyen por ñoras, pimientos morrones, etc. También suelen sustituirse las bajoquetas por alcachofas.

Elaboración:

Paso 1: Se pone en la paellera el aceite y cuando está suficientemente caliente se le echa el pollo y el cerdo con un poco de sal. Cuando empiecen a dorarse se añade el tomate y las bajocas, dándoles bastante vueltas.

Paso 2: Cuando todo el conjunto esté bien sofrito, se añade la pimienta y el agua inmediatamente para que no se queme la pimienta. Se añaden acto seguido la tavella el garrofó, el azafrán. Se deja a fuego de llama viva hirviendo hasta que todo esté cocido.

Paso 3. Es el momento de añadir el arroz, agregándole antes el agua que haya perdido por la cocción, y se prueba de sal; la cocción prosigue durante 10 minutos; y, a fuego gradualmente rebajado, otros 10 minutos.

Paso 4: Ya enjuto, se deja unos pocos minutos sobre el fuego sin llama, que hara un socarret de arroz de la capa inferior.

Paso 5: Sacada del fuego, se deja reposar dos o tres minutos más.

Variantes /Consejos/ Trucos:

Aparte de las indicadas más arriba, el conejo es un buen sustituto del cerdo. Se necesita una paella de un diametro de 38 -40 centimetros.

Patrimonio oral e inmaterial de la humanidad

Patrimonio oral e inmaterial de la humanidad
LUIS LEZAMA


La incorporación de 28 nuevas obras maestras al patrimonio oral e inmaterial de la humanidad despliega perspectivas alentadoras para manifestaciones culturales en riesgo de extinción.

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Historia

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En el restaurant (Nuevo ELE Nivel 1 - Unidad 2 - Capítulo 1)

Posible diálogo para ordenar en el restaurant en base a imágenes propuestas

Diálogo 1:

-Buenos días señores, ¿estáis listos para ordenar?
- Si, gracias
- ¿Qué desean beber? ¿Señora?
- Quisiera un zumo de naranja, sin hielo, por favor
- ¿Y el caballero?
- Una copa de vino blanco, el de la casa estaría bien
- Muy bien

Vida cotidiana

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Expresiones idiomáticas

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Dificultades del idioma

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Gramática

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Conjugación

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Pronunciación

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Audición: Fragmento 13 del Quijote



Capítulo 1. Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha.


(…) Este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». Y también cuando leía: «Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza».

(…) Él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

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